Un equipo de la Universidad de Texas A&M, en Estados Unidos, desarrolló una planta de algodón genéticamente modificada (o transgénica) cuyas semillas se podrían aprovechar como alimento.
Las semillas de algodón son una rica fuente de proteínas y su cosecha produce semillas suficientes para satisr las necesidades diarias de quinientos millones de personas al año. Sin embargo, las semillas pueden ser consumidas sólo después de un extenso proceso de refinado en el que se elimina el gosipol, un químico tóxico que ayuda a proteger la planta de la infestación de insectos y microbios.
"Nosotros, así como los cerdos y las aves, no podemos ingerir gosipol”, señala Kater Hake, vicepresidente de investigación agrícola para el grupo industrial Cotton Inc. “Sólo las vacas y otros rumiantes pueden hacerlo”, agregó.
Sin el gosipol, las semillas de algodón podrían servir como fuente de proteína. Sin embargo, al eliminar este compuesto (como lo intentaron algunos fitomejoradores en la década de los 50) el algodón se vuelve más propenso al ataque de los insectos.
El profesor Keerti Rathore de la Universidad de Texas A&M, encontró una solución usando la ingeniería genética. En los ensayos, su equipo demostró que se pueden apagar los genes relacionados con la síntesis de gosipol en las semillas, pero no en el resto de la planta, manteniendo de esta manera sus defensas naturales.
Para Norman Borlaug, un agrónomo norteamericano que ganó el Premio Nobel en 1970 por el desarrollo de variedades de trigo de alto rendimiento que ayudaron a aumentar significativamente el suministro mundial de alimentos, “esta investigación abre la puerta para que podamos usar como fuente de proteína, y de forma segura, las más de 40 millones de toneladas de semilla de algodón que se producen cada año”.
Luego de obtener buenos resultados en el laboratorio, Rathore inició los ensayos en invernadero para ver si las plantas de algodón genéticamente modificadas podrían sobrevivir y transmitir la característica a su descendencia. Según sus datos, las plantas modificadas son equivalentes a las no modificadas, salvo en que sus semillas ahora son comestibles. "Lo que funciona en el invernadero debería funcionar también en el campo”, señaló.
Este algodón genéticamente modificado necesita la aprobación gubernamental para que las semillas puedan llegar al mercado. Probablemente sean usadas primero como suplemento dietario para peces y otros animales, pero el profesor aclara que “no saben mal, se parecen a los garbanzos”.
El algodón ha sido cultivado por su fibra por más de 7.000 años y hoy es sembrado por más de 20 millones de agricultores en unos 80 países; además constituye casi el 40% de la fibra que se usa en el mundo para hacer ropa.
Tomado de: argenbio.org
fundacion-antama.org
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